No creo que sea difícil para algún cristiano, contestar que lo que se celebra en Navidad es el nacimiento de un niño llamado Jesús hace algo más de 2000 años en un pueblito llamado Belén, y que este Jesús es aquel que llamamos Señor, Salvador, Hijo de Dios, entre otros apelativos; sin embargo, de esto a tener plena consciencia del significado de ese acontecimiento, hay una diferencia que se evidencia cuando la gran mayoría en esta fecha busca divertirse, bailar, comprarse cosas y emborracharse en medio de símbolos y personajes ajenos al tema como el árbol de luces, papá Noel, Rodolfo el reno y el muñeco de nieve con bufanda.

 

No se trata de que sea malo disfrutar la vida, bailar, comprarse cosas, o hasta tomarse unos tragos, tampoco es malo adornar la casa o sus ventanas y balcones con hermosas luces de colores, pero ¿no les parece que este comportamiento es tan absurdo como ir a un matrimonio vestido para jugar fútbol, o gritar “vivan los novios” en medio de un velorio? Seguramente para quienes no son cristianos, esta es una fecha sin mayor importancia y tienen la libertad de pensar así aunque lo reprobemos; pero, si más del 90 % de nuestra población confiesa ser cristiana bajo alguna religión o credo, ¿por qué hay tanta confusión a la hora de conmemorar un suceso de tanta magnitud espiritual? ¿Por qué se les sigue enseñando a nuestros niños que un viejo barbado vestido de rojo viene a regalarles juguetes desde el polo norte en un trineo tirado por renos?

 

La pregunta no busca conocer el origen de estas costumbres, pues casi todos sabemos que estas y otras son tradiciones venidas de países europeos y que nada tienen que ver con el cristianismo, sino tratar de entender la razón de haberlas acogido con tanto entusiasmo, que corremos el riesgo de que en unas décadas se llegue a pensar que papá Noel es el salvador y que los renos son sagrados.

 

¿Hasta dónde nos puede llevar la novelería? Esta actitud que revela mediocridad, ha sido siempre aprovechada por quienes obtienen jugosas ganancias en esta y otras fechas de año, pues mucha gente gasta más de lo que tiene, come y bebe más de lo que debe y termina endeudado y hasta enfermo; buscando pasarla bien termina pasándola peor. La verdad es que detrás de este comportamiento hay un vacío espiritual que nos hace buscar afanosamente algo que llene nuestra vida, y mientras más grande es el vacío, mayor es la necesidad de divertirnos para anestesiar nuestra conciencia.

 

Por eso la Navidad para muchos no es más que una novelería como halloween u otras “fiestas”, sin pensar siquiera que se trata de recordar la encarnación de Cristo que dio lugar a la religión que decimos profesar; tampoco se tiene consciencia de su ministerio, muerte y resurrección, peor de que es quien gobernará el mundo en el futuro, según la Biblia. Pero, si después de esto usted cree que no celebró la Navidad como debe, no se preocupe, pues según investigaciones confiables parece que la fecha exacta del nacimiento de Jesús no fue el 25 de diciembre ni en el año que consideramos como cero, mas esto no es lo más importante, ya que todo tiempo es bueno para regocijarnos por este hecho sin igual y agradecer a Dios por su amor y misericordia.

 

William Sánchez Aveiga