Viva con fe cada nuevo año

Nuestra vida transcurre en medio de un sinnúmero de actividades de diversa índole, tales como trabajo, estudios, compromisos, etc., para unos más agitada que para otros, en medio de lo cual destinamos horas para el esparcimiento y el descanso, sólo para recargar energías y continuar nuestro ritmo viendo pasar el calendario en medio de expectativas, anhelos, alegrías, tristezas, logros, decepciones, enojos, etc., que son cosas ineludibles de esta existencia terrenal.

 

Esta vida tan breve en la inmensidad de los tiempos, que nos lleva de la infancia a la vejez, del esplendor a la palidez, del vigor a la debilidad, de la primavera al otoño de nuestra vida, año tras año y día tras día, casi sin darnos cuenta. De la despreocupada y juguetona vida de niños y adolescentes, llegamos a la dificultosa y precaria existencia que nos acerca al final, luego de dar nuestras fuerzas al duro trabajo que nos sustenta y contribuye a lubricar la rueda de la producción de bienes materiales.

 

Por cierto, a nadie le gusta pensar en estas realidades ni en lo vano que parece nuestra vida desde esta perspectiva; pero, ¿quién dijo que la reflexión no produce incomodidad y el despertar de la consciencia no es doloroso? Lo cierto es que tanto el pobre como el rico, el humilde y el soberbio, el débil y el fuerte, el ignorante y el sabio, correrán igual suerte, devolviendo a la tierra lo que de ella fue prestado, liberando nuestra alma y espíritu que conforman nuestra verdadera esencia, pues, como declara la Biblia, “todo hombre es como la hierba y toda gloria de hombre como flor de la hierba; la hierba se seca y la flor se cae…”.

 

Otra de sus sentenciosas frases nos dice que está establecido que la vida del hombre es como la niebla que aparece por un poco de tiempo y luego se disipa, o como cierto proverbio italiano dice: “terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la caja”. La falta de reflexión sobre estas realidades, constituye el refugio en el que se oculta el hombre para sobrellevar una vida sin sentido espiritual, viviendo en la búsqueda de deleites carnales, ambiciones materiales y poder, para mantener anestesiada su conciencia.

 

Pobre de quienes fijan sus metas únicamente en lo que este plano material ofrece, pues actúan como niños que eligen un caramelo en lugar de un nutritivo guiso, ya que el espíritu al igual que el cuerpo requiere alimentación diaria para fortalecerse. Por eso, no sorprende la triste vida de algunas “estrellas” de cine, la moda y la farándula, o de “exitosos” magnates que pese a haber logrado todo lo que cualquiera desearía, son seres infelices que buscan escapar de su triste realidad inhalando o inyectándose cualquier alucinógeno, pues su éxito material sólo es equiparable a su miseria espiritual.

 

Créame amigo lector, más doloroso y desesperante que la carencia de bienes materiales es el horrible vacío espiritual que sufren quienes no tienen a Dios en sus vidas, pues al llegar a la cima del éxito no encontraron lo que buscaban. Pero nunca es tarde, y hoy mismo podemos dar un giro hacia el camino que siempre ha estado allí, invitándonos a transitarlo. Cálcese las sandalias de la fe y dé sus primeros pasos. ¿Se dará esta oportunidad? Sólo usted puede escribir su historia.

 

William Sánchez Aveiga