Aquel verso bíblico que dice “el principio de la sabiduría es el temor a Dios” (Salmo 111:10), casi todos lo hemos escuchado o leído alguna  vez, y sobre la sabiduría sabemos que, aparte de la salvación, es lo más precioso que alguien pueda anhelar, pues mediante ella, todo lo demás podemos alcanzar. Pero el mismo Salmo continúa: “…buen entendimiento tienen los que practican sus mandamientos; Su loor perma-nece para siempre”. En concordancia con esto, Proverbios 1:7 también dice: “el principio de la sabiduría es el temor a Jehová, los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”.

 

El principio es lo que antecede al resto, y si hay un principio es porque hay un desarrollo o complemento; por ello, la vida de quien ha sido justificado a través de Cristo es como la  luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto (Proverbios 4:18).Entonces, quien cree en Dios empezará estando consciente de que Él todo lo puede, todo lo sabe y está en todo lugar (omnipotencia, omnisciencia  y om-nipresencia) y esto le hará sentir una profunda reverencia o temor reverencial, como no se lo puede sentir por alguien más.

 

El desarrollo contiene el conocimiento y la sabiduría; esto es avanzar por el camino de la vida cristiana, una vez que hayamos aceptado la Salvación que Dios nos ofrece a través de Jesucristo, quien pagó nuestro rescate con su sangre para que dejemos de ser esclavos del diablo y pasemos a ser hechos hijos de Dios y, por lo tanto, miembros de la familia celestial, ya que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo donde tenemos una morada esperándonos.

 

Por eso, luego de obtener la salvación, debe crecer en nosotros el amor de Dios para que nos vaya perfeccionando día a día. El amor del cual hablamos es el llamado AGAPE, diferente al amor Eros (dirigido hacia una persona del sexo opuesto), o del amor Filos (sentido por los familiares y amigos). Pero, a diferencia de estos dos sentimientos humanos,  nadie puede sentir amor (AGAPE) hacia Dios, si Él mismo no se lo otorga, pues al igual que la Fe, es Dios mismo quien nos da -por su gracia- la capacidad de amarlo.

 

Dios es Espíritu y es amor, y nos da de Él mismo para que podamos amarlo; esto solo lo podemos recibir una vez que hemos sido lavados con la sangre de Cristo y hechos parte de la familia de Dios; antes no es posible, pues nuestra alma estará aún contaminada, aunque

 

Dios ciertamente nos ama a todos. Mas, cuando estamos en Cristo, somos transformados en una nueva criatura (2da. Corintios 5:17) con una mente nueva (1ra. Corintios 2:16),con un corazón y un espíritu nuevo (Ezequiel 11:19).

 

Por esto, pidamos en cada una de nuestras oraciones, que Dios incremente nuestra fe y nuestro amor por Él, y conforme crezcamos en amor y fe ya no obedeceremos por obligación o temor, sino con voluntad y alegría, pues quien hace las cosas por amor, las hace gozoso. Así que, si el principio de la sabiduría es el temor a Dios, ese es solo el principio y no debemos quedarnos allí, sino crecer en conocimiento y sabiduría, conscientes de que el amor es lo más grande que existe; que todo pasará y aún la ciencia y la profecía cesarán (1ra.Corintios 13:8), pero el amor divino (AGAPE) permanecerá para siempre.

 

William Sánchez Aveiga

 

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