Casi todos hemos escuchado la historia de David y Goliat, relato que ha servido para inspirar a quienes en algún momento de su vida han tenido que enfrentar obstáculos muy difíciles, cuya magnitud y complejidad los hace parecer invencibles.

 

En la Biblia encontramos varios versículos que nos instan a tener una actitud valiente ante la vida, como en Josué 1: 9: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente, no temas ni desmayes porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas” o en Filipenses 4: 13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. No obstante, lo común es encontrarnos con cristianos incapaces de enfrentar problemas, menos aún si se trata de temas de injusticia, asumiendo una actitud conformista y resignada.

 

Cierto es que la Biblia nos manda a ser mansos como palomas, pero aún estas aves deben adoptar una actitud valerosa en determinados momentos; por eso el Señor Jesucristo dijo: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.” (Romanos 12: 18). Pero volvamos a David, quien más tarde fue rey de Israel. ¿Quién era y qué capacidades tenía?

 

La Biblia en (1 Samuel 16: 18) dice: “Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe

 

tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él”.

 

Cuando David se presentó ante el rey Saúl para ofrecerse a pelear contra Goliat, le dijo: “Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente” (1 Samuel 17: 34, 35, 36).

 

Aunque nadie sabía hasta esos instantes cómo iba este joven a enfrentarse a Goliat, seguramente él tenía un plan y lo había puesto en oración ante Dios (y Jehová está con él) para salir airoso de tan grande desafío.

 

Es importante comprender la verdad sobre esto, para no caer en un extremo ni en otro, pensando que hay que huir ante cualquier problema, o creyendo que se puede, sin ningún plan, lo cual sería insensato y suicida. Pero ojo, pues hay una clave que no debemos olvidar, por bueno que sea el plan o por muy confiado que estemos en nuestras capacidades, un hijo de Dios no debe enfrentar un gran problema si no es con la consulta previa a Dios y el pedido de Su bendición; recordemos el Salmo 127: 1 “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican, y si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia”.

 

En Romanos 8:31, leemos: “Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” y la respuesta es clara y contundente: NADIE, porque nadie es más poderoso que Dios. En complemento, el Señor sentenció: “El que no está conmigo, está contra mi, y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30) y se refiere al hecho de que todo aquel que actúa de manera maligna, injusta, fraudulenta,  perversa, etc., no puede pensar que Dios lo mire con agrado ni esperar sus bendiciones, sino todo lo contrario.

Todo el que practica injusticia o hace lo malo, se convierte en enemigo de Dios y se encuentra luchando contra Él.

 

Así como estuvo Dios con David, inspirándolo, guiándolo y protegiéndolo, Él está con nosotros también hoy, para que luchemos sin temores contra toda injusticia, siempre pidiendo que su Espíritu Santo nos guíe y sus ángeles nos protejan.

 

William Sánchez Aveiga

 

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