Una vez más se empiezan a escuchar rumores sobre una posible legalización de cierto tipo de drogas como la marihuana; quienes están a favor de esta postura, argumentan que de esta forma se causaría un golpe económico significativo contra los cárteles de la droga, pues –supuestamente- los precios caerían ante el incremento de la competencia, arruinando a los cárteles que comercializan este tipo de drogas.

 

Nada más lejos de la verdad, pues cuando se pretendió cosa similar con la industria de los licores, no fue lastimada y, por el contrario, son sectores que gozan de gran auge económico en todos lados.

 

Por otro lado, quienes promueven la legalización de drogas, no toman en cuenta en ningún momento el hecho de que su libre expendio hará que aquello que hemos identificado como nocivo y maligno, sea puesto ahora como algo normal.

 

Más aún, se ignora que quien está bajo los efectos de un estimulante y/o alucinante, no solo está haciendo daño a su organismo, sino que se convierte en un individuo peligroso, capaz de hacer daño a otros miembros de la sociedad, pues pierde las inhibiciones y puede llegar a perpetrar los más horrendos crímenes y perversidades.

 

Porque las drogas –principalmente las alucinantes- son una especie de puerta a submundos espirituales donde verdaderas legiones de demonios dominan la mente del drogado, por ello, Satanás debe estar muy entusiasmado con la posibilidad de que su trabajo de destrucción de la familia, se podría ver facilitado enormemente.

 

Esta es una de las razones por las cuales hay que tener cuidado al elegir a quienes van a legislar en una nación, pues cuando se elige a personas impreparadas, o distantes del conocimiento de Dios, o incluso ateas, las consecuencias caen como una maldición sobre todos los ciudadanos.

 

La Biblia nos manda a que oremos por quienes ocupan puestos directrices en los gobiernos, por ello, en las diversas iglesias se cumple esta disposición, pero, a veces sin ningún conocimiento de lo que significa esto.

 

Pues  bien,  la  oración  por  los  gobernantes y toda persona que represente autoridad, tiene como propósito principal el pedir a Dios que guíe a estas personas para que sus acciones sean acertadas y favorables a la sociedad, pues sus decisiones son cruciales para generar paz, progreso y bienestar a todos, o para destruir, sembrar violencia, pobreza y caos entre el pueblo.

 

¿Le gustaría que la marihuana se expenda libremente bajo diversas marcas comerciales y en atractivos empaques? ¿Le parece bien que un día todos veamos por televisión, o en los diarios, creativos anuncios para impulsar la venta de tal o cual marca de marihuana?

 

Esté seguro que la violencia, promiscuidad y degeneración crecerán a un ritmo acelerado, siendo una verdadera explosión de podredumbre sin precedentes. ¿Cree usted que Dios aprobará esto? Confío en que un pueblo que mayoritariamente se autodenomina “cristiano”, esté preparado para decirle NO A LA LEGALIZACIÓN DE LAS DROGAS. Dios tenga misericordia de este país.

 

William Sánchez Aveiga

 

La reproducción de este artículo por cualquier medio, es permitida sólo citando la fuente y el autor.