¿A quién no le han aconsejado más de una vez desde pequeño “No te dejes”?, esta es otra frase frecuentemente enseñada en nuestros hogares para decirnos que si alguien nos hace un daño, debemos responder con otro igual o peor; que si alguna persona nos golpea debemos golpearla más fuerte, que si nos ofenden debemos devolver la ofensa. Sin embargo es extraño que sea todo lo contrario lo que nos enseña la Biblia, pues Jesucristo dijo que debemos poner la otra mejilla. Entonces, ¿Cómo es que nos enseñan a “no dejarnos”?

 

Parece que nuestra naturaleza o la de la mayoría -al menos- es rencorosa y vengativa, no estando ni por un momento dispuestos a tolerar las ofensas de otro, lo cual desde un punto de vista antropológico podría ser aceptable, pues se relaciona con nuestro sentido de supervivencia. Pero hay una diferencia entre repeler un ataque físico, verbal o de cualquier índole, a transformarse de víctima en agresor. De hecho, la misma Biblia en cuanto a cuestiones verbales, nos enseña a responder al necio como se merece para que no se sienta sabio en su propia opinión, pero al mismo tiempo nos dice que la palabra suave quita la ira.

 

Las leyes humanas con todas sus imperfecciones, han creado la teoría de la legítima defensa que está normada en nuestro Código Penal, para permitir una respuesta equilibrada con la agresión amenazante, de manera que –por ejemplo- nadie puede alegar legítima defensa  disparándole a alguien que lo ha agredido verbalmente. Tratando de responder con honestidad a lo expresado al final del primer párrafo, diré que no conozco aún a la persona que esté dispuesta a poner la otra mejilla de manera literal, pues seguramente el bofetón sería doble y la indignación también; no obstante, hay una distancia considerable entre no permitir una agresión y responder a ella con otra, a veces más fuerte, como parece que sería el significado del mensaje “no te dejes”.

 

Definitivamente, mantener una actitud serena y pacífica ayuda a que el agresor se calme; así como entender que muchas veces quien nos agrede lo hace por ignorancia, celos, envidia, o temor, nos ayuda a mantener la calma y no dejar que las pasiones se desborden. Claro que no es fácil conservar una energía serena mientras hay otra turbulenta desafiándonos, pero ese es nuestro mayor reto, como dice Roberto Shinyashiki: “Vencer no es competir con otros, sino derrotar a nuestros enemigos interiores”, y aquellos adversarios son, entre otros, la impaciencia, la intolerancia y el resentimiento.

 

Por lo general, como individuos no hemos sabido lidiar nunca con estos enemigos internos, manteniendo una conducta defensiva y a veces beligerante que nos priva de la preciosa y saludable paz y nos aparta de los demás. Por otra parte, hoy flota sobre la sociedad un ambiente de temor y violencia que se asocian y van más allá de lo estrictamente delictivo, me refiero a situaciones en el hogar, el trabajo, los centros educativos, etc., ocasionadas muchas veces por la aplicación indiscriminada del mal consejo “no te dejes”.

 

William Sánchez Aveiga